Saltar al contenido
Logo Juicio y Castigo — Mercedes-Benz

JUICIO A MERCEDES-BENZ

Porque la dictadura fue civico militar

Flyer de la convocatoria
Volver a la lista de Mercedes-Benz en la Dictadura
Mercedes Benz también fue la dictadura

Mercedes Benz también fue la dictadura

« La participación empresarial de la automotriz »

Durante la última dictadura cívico-militar (1976-1983) a través de sus directivos y personal jerárquico, Mercedes Benz participó de la persecución y represión a trabajadores y delegados gremiales, de los cuales 15 siguen desaparecidos. 

El 12 de agosto de 1977 el trabajador Héctor Ratto fue llevado secuestrado y retenido en una oficina dentro de la fábrica: presenció cómo el gerente de producción Juan Ronaldo Tasselkraut revelaba a la Policía el domicilio de su compañero de trabajo y delegado gremial Diego Núñez. Al día siguiente fue secuestrado y continúa desaparecido. La participación de Tasselkraut resultó fundamental para concretar la privación ilegítima de la libertad de Ratto dentro de la fábrica y de Núñez fuera de ella.

La empresa tenía un elevado conocimiento acerca de los secuestros y desapariciones forzadas de los trabajadores y delegados. En la reunión de directorio del 13 de abril de 1977 las actas expresaban que “el 24 de marzo de 1976 significó el comienzo del retorno a la normalidad, al orden de la estabilidad. El paulatino restablecimiento de la autoridad permitió nuevamente echar las bases para un esperanzado proceso de recuperación económica y social, aún cuando las condiciones iniciales mostraban obstáculos casi insalvables.” Mercedes Benz buscaba deshacerse de los activistas gremiales de base para imponer el aumento de productividad mediante la fuerza. 

Con el Golpe genocida, la presencia de militares en la fábrica formaba parte del paisaje cotidiano. Carlos Fernando Nevrkla, ex trabajador de la empresa, declaró que los militares “venían, entraban como si fuesen los dueños (...), nos revisaban los cofres (...), la empresa le abría las puertas”. Eduardo Fachal, también ex trabajador, declaró que además de las requisas “los militares presionaban a los obreros para que frenen las medidas de huelga en octubre de 1976”. En plena dictadura, los trabajadores se enfrentaban a la patronal.

Otro de los elementos que prueba la convivencia entre el aparato represivo estatal y la empresa es la trayectoria del subcomisario Rubén Lavallén: pasó de ser uno de los torturadores de la Brigada de San Justo y a Jefe de Seguridad de la planta a partir de 1978. El trabajador Hugo Crosatto declaró años más tarde que la designación de Lavallén fue “una especie de premio dado por la empresa a cambio de los servicios prestados por haberse encargado de los secuestros de los trabajadores”.